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¿Se confirmará la 3° predicción de Einstein?

einstein

 

Como consecuencia de su teoría general de la relatividad, que fue formulada hace 100 años atrás, el físico Albert Einstein hizo tres predicciones. Una de ellas es la desviación de la luz al pasar cerca de objetos masivos y la otra es el movimiento anómalo en la órbita del planeta Mercurio. Esas dos predicciones ya fueron comprobadas. Pero falta aún comprobar la tercera: que existen ondas gravitacionales, que son ondulaciones del espacio-tiempo producidas por un cuerpo masivo acelerado y se transmiten a la velocidad de la luz. Hasta el momento, sólo se han encontrado pruebas indirectas. Porque los efectos de las ondas son muy pequeños como para detectarlos de manera directa.

El 3 de diciembre pasado se lanzó el satélite Lisa Pathfinder, que es la misión espacial de la Agencia Espacial Europea que allanará el camino para el ambicioso proyecto de demostrar que las ondas gravitacionales existen. El satélite permitirá probar la tecnología necesaria para detectar las ondas gravitatorias en el espacio. En su interior transporta dos cubos idénticos de una aleación de oro y platino, de 46 milímetros de lado y separados entre sí 38 centímetros, que se mantendrán aislados de todas las fuerzas internas y externas con una única excepción: la gravedad. El objetivo de la misión es mantener a estos dos cubos en la caída libre más perfecta jamás lograda en el espacio, y monitorear su posición con un nivel de precisión extraordinario. Este experimento sentará las bases de los futuros observatorios espaciales de ondas gravitatorias.

 

Mirá el video con la animación del recorrido del satélite Lisa Pathfinder:

 

Además de la misión Lisa Pathfinder, en la Tierra hay observatorios que también tratan de encontrar evidencias directas de la tercer predicción de Einstein. Desde 2004, ya funciona el proyecto Ligo, con dos observatorios en los Estados Unidos, y a fin de año empezará el proyecto Virgo, organizado también por la Agencia Espacial Europea, cerca de Pisa en Italia.

El fisico argentino, que investiga en la Universidad de Santiago de Compostela, en España, comentó a Exploraciones: «Estos detectores de ondas gravitacionales tienen un par de brazos de varios kilómetros (los de Virgo miden 3), perpendiculares, formando una L, con un espejo en cada extremo y la emisión de luz en el vértice de la L, simultáneamente en ambas direcciones. La idea es que si pasa una onda gravitacional oscilarán un poco los lados de la L. Como son perpendiculares, lo harán en contrafase: cuando uno de los lados se contrae el otro se estira, por lo que la luz llegará antes a uno de los dos espejos que al otro y al regresar al vértice también lo hará antes. Aunque sea muy poco antes, lo que se hace es estudiar la interferencia de ambos haces de luz, algo que es muy sensible al hecho de que las ondas estén en fase o no. Como el efecto es muy pequeño, cualquier perturbación afecta la medida y por eso están los dos brazos al vacío. Todo apoyado en construcciones anti-sísmicas».

 

 Virgo. El observatorio que funcionará desde Italia para buscar pruebas directas de ondas gravitacionales
Virgo. El observatorio que funcionará desde Italia para buscar pruebas directas de ondas gravitacionales

 

¿Qué implicancias tendría la comprobación de la tercera predicción de Einstein?

«No han sido detectadas aún las ondas gravitacionales en forma directa- advirtió Edelstein-. Son una predicción de la teoría y, por lo tanto, si no se detectaran nunca, podría indicar un error en ella. Sin embargo, no creo que ningún físico crea que eso es posible. Porque ya han sido detectadas de forma indirecta. Russell Alan Hulse y Joseph Hooton Taylor, en 1974, descubrieron un pulsar binario (dos estrellas de neutrones girando una en torno a la otra frenéticamente, con un período de pocas horas, y vieron que el sistema iba decayendo a un ritmo que coincide exactamente con la predicción de la teoría de la relatividad general de la pérdida de energía por emisión de ondas gravitacionales».

Además, el físico agregó: «Si no existieran estas ondas, sería inexplicable lo que se observa en estos pulsares binarios. La detección directa es importante, para tener una confirmación definitiva, pero no llevaría a ninguna revolución ni mucho menos. También hay que decir que, como siempre ocurre en estos experimentos, es tal la dificultad de los problemas técnicos a resolver que el retorno de la inversión está garantizado en tecnología de punta que luego puede aprovecharse para otros usos. Se parece a lo que planteaba la detección del bosón de Higgs: lo revolucionario hubiera sido que no existiera».

 

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