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Lo que une a Rial, Chiche, y Casella: sus vidas salvadas gracias al estent

Julio Palmaz, investigador argentino en los Estados Unidos
Julio Palmaz, investigador argentino en los Estados Unidos

Los polémicos conductores de la televisión argentina Jorge Rial, Beto Casella y Gerardo Sofovich tendrán diferencias en edades, opiniones, y estilos, pero poseen algo en común: cuentan con un estent (es más conocido por su nombre en inglés como «stent») dentro de su corazón. Los tres salvaron sus vidas gracias a los médicos que los operaron y les colocaron a tiempo ese dispositivo que sirve para mantener destapadas las arterias del corazón. Y fue también gracias al inventor del estent expandible, el investigador y médico argentino, Julio Palmaz, quien al registrar su creación obtuvo una de “las 10 patentes que cambiaron el mundo durante el siglo XX”, según la revista especializada Intellectual Property Magazine.

Palmaz vive y trabaja aún en los Estados Unidos y estuvo recientemente en la Argentina para hablar de innovaciones y patentes durante un seminario organizado por el programa Raíces del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en la Universidad Favaloro. Tuve la oportunidad de entrevistar a Palmaz después de su disertación en Buenos Aires, y confesó que nunca pensó que su dispositivo iba a ser usado mundialmente: hoy se implantan en personas 1,1 millón de estents por año en el mundo. Tampoco el médico, que nació en 1945 y estudió medicina en la Universidad Nacional de La Plata, calculó que su invento le iba a cambiar la vida positivamente, aunque con algunas desventajas. Por ejemplo, tuvo que dejar de atender pacientes porque en la universidad donde trabajaba temían que le fueran a hacer alguna demanda por mala praxis y que la institución no iba a poder solventar el juicio. Aquí va la entrevista

-¿Pensaba que millones de personas iban a usar su estent expandible?

La gente vive más años ahora, y una gran proporción de la población va a tener un “stent” o varios. Nunca vislumbré el alcance del uso masivo del estent. Pensé que sólo que iba a tener alguna aplicación en medicina, en algún área especializada. Nunca tan masivo.

-¿Qué permitió que fuera tan masivo?

La buena aceptación del cuerpo humano. El estent da un buen resultado a largo plazo. Es muy difícil mejorarlos hoy porque ya tienen un grado de aceptación muy alto por el cuerpo.

– Cuando usted hizo su desarrollo, ¿se ocupó inmediatamente de patentarlo?

Sí, patentarlo es el primer paso. Todo esfuerzo y desarrollo empieza con la patente.

-¿Patentó otras cosas?

Sí, tengo como 250 patentes.

-¿Y qué cosas patentó?

Muchas cosas relacionadas al estent, y otras relacionadas con el área de deposición física del vapor. Lo que yo hago ahora es la deposición de metales en vacío.

-¿Y eso para qué sirve?

La deposición sirve para crear supermetales. Cuando se empieza con la miniaturización del estent, los materiales convencionales fallan. Entonces, estamos tratando de desarrollar los supermetales, que son de alta pureza y pueden mantener la performance mecánica, a pesar de que son muy pequeñitos. Es una forma de trabajar en nanotecnología: uno crea masa de material poniendo átomo sobre átomo.

-¿Y qué pasó con los otros inventos patentados?

Hubo muchos que nunca llegaron a nada. Muchas otras patentes son accesorias a otras patentes. Tengo muchas patentes sobre el modo de hacer el estent o el diseño.

-¿Aún recibe regalías por el estent?

No. Porque la patente de poner un estent con balón maleable en una arteria fue obtenida en 1988 y duró 20 años. Ya se venció. Es un bien público y hoy cualquiera puede producir un estent sin tener que pagarme nada.

-¿Siempre tuvo la idea de ser un investigador que patentaba sus desarrollos?

No. Cometí muchos errores y tuve las dudas que tienen los investigadores nuevos. Vale la pena patentar. Espero un poquito. Alguien tiene que pagar por la patente. Yo no. O regalo la patente si la ponen como autor, pero se la asigno al que pagó por el trabajo legal. Fueron algunas de las cuestiones que tuve que decidir. Igual, me salió bien. Pude reconocer dónde casi metí la pata.

-Hoy también se dedica a tener un viñedo. ¿Cómo surgió esta iniciativa?

Es que yo trabajé en la Universidad de California en Davis y desarrollé un gran interés por los vinos en esa zona, especialmente en Napa y Sonoma. Después me fui 20 años a Texas, pero mi esposa quería volver a California, y terminamos comprando una vinería abandonada. Yo ayudé un poco con el desarrollo. Es todo amateur.

-¿Aún atiende pacientes?

En 2005, me tuve que retirar de la práctica clínica. Fue uno de las consecuencias de volverse famoso con un producto comercial. El “Palmaz Stent” se volvió en un nombre común en medicina, y yo me convertí en un blanco de alto riesgo por juicio de mala praxis. En la Universidad de Texas me adoraban porque yo les había traído muchos beneficios por la notoriedad y el dinero, pero me dijeron que no podían afrontar un eventual juicio por mala praxis. Y ahí me dijeron que parara. Yo tenía 60 años y becarios de posgrado. La universidad me ofreció montar un laboratorio y que les dijera cuánto quería ganar. Entonces, montamos un laboratorio de investigación de superficies.

-¿Y subió su salario?

No. Me lo bajé 5 veces. Yo era donante de la universidad. No tenía sentido tener un salario alto. Me transformé en un doctorado común. Ahora, tengo también una empresa privada, en el Silicon Valley, que se llama Palmaz Scientific. Allí, trabajamos con nuevos materiales y aleaciones. Se pueden hacer cosas muy buenas en metalurgia.

-¿Todo se aplica a cardiología?

El objetivo que tenemos es desarrollar dispositivos para ataques cerebrovasculares. Hoy ya están pero son muy rudimentarios. Toda la sofisticación de las arterias coronarias no se ha transferido a los dispositivos intracraneanos. Son tan primitivos como los primeros estents. Servirían para prevenir la rotura de aneurisma o para destapar obstrucciones en el cerebro. El problema es que los vasos cerebrales son mucho más finos que los del corazón. Entonces, los dispositivos deben ser muy delicados y no se pueden usar los materiales convencionales, y por eso lo ideal es utilizar los supermetales. Es el nuevo desafío: hoy se muere mucha gente por ataques cerebrovasculares.

-¿Imagina que sus “dispositivos” intracraneales podrían llegar a ser tan masivos como lo es el estent para el corazón?

No creo, porque depende mucho de que la gente llegue dentro de las primeras siete horas a partir de que se produce el ataque cerebrovascular al hospital, y esto no sucede frecuentemente.

 

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